ACOSO SEXUAL
 
La Paz, 19 de marzo del 2001 (Prensa Latina/Tertulia).
 
Las bolivianas enfrentan una nueva modalidad de acoso, distinta al ya conocido asedio machista abusivo, denunció hoy la diputada socialdemócrata Mabel Cruz. La legisladora definió la nueva agresión como acoso político, que en diversos municipios se expresa en presiones a las concejalas a fin de que dejen sus cargos para ser reemplazadas por varones.
 
Cruz presentó a la Cámara de Diputados un informe minucioso de esos casos, en los cuales partidos de diversas tendencias han usado persuasión, amenazas y hasta calumnias y golpes para desalojar de sus responsabilidades a quienes fueron elegidas como regidoras.
 
Dijo que para remediar la situación se necesitan reformas en el Código Electoral y la Ley de Municipalidades, con el objetivo de proteger a las representantes de las presiones machistas para la renuncia, que buscan instalar a varones supuestamente más confiables para los partidos. Esas medidas deberán ser elaboradas por una comisión compuesta por representantes del Congreso, la Corte Nacional Electoral y el Viceministerio de Género con sus servicios legales integrales, señaló la parlamentaria.
Recordó que un reciente encuentro nacional de concejalas registró graves denuncias de casos de acoso político, cuyos autores incurrieron en delitos penales diversos y en corrupción administrativa, en virtud de lo que Cruz llamó políticas partidarias establecidas. Normas legales que obligan a los partidos a acreditar al menos 20 por ciento de mujeres en sus listas de candidatos, no han sido suficientes para asegurar la participación femenina, indicó.
 
En 1997, un partido protagonizó un escándalo denominado "travestismo político", al inscribir candidatos varones con nombres femeninos, para luego cambiarlos por los reales con procedimientos de enmienda de errores administrativos, cuando ya el registro era irreversible.
 
FUENTE: Tertulia: Una ventana hacia las vidas de las mujeres
Vol. IV, No. 13 – 24 de marzo del 2001
Editora: leasturias@intelnet.net.gt Laura E. Asturias
 
por Viviana Gorbato, Diario Perfil
http://www.perfil.com.ar
 
No se lo llamaba "acoso sexual" pero los expedientes judiciales del siglo pasado mostraban muy bien que la mujer pobre no tenía honra.  Siempre existió en nuestro país un derecho de pernada sui generis.  Sin dote, no había virginidad que cuidar.
La mucama, la hija del puestero de la estancia, después la empleada o la vendedora nunca tuvo mucha opción.  Mientras el cine inmortalizaba a Mirtha Legrand como "Vendedora de fantasías", la realidad cotidiana mostraba que las diferencias de clase no terminaban en casamiento.
 
Por eso, una de las primeras profesiones que tuvo la mujer de clase media fue la de maestra porque se suponía que entre los niños estaba a salvo.  Sin embargo, es interesante señalar que el acoso sexual no es un problema únicamente femenino.
En la Argentina, uno de cada diez hombres padece acoso de sexual.  Si bien se trata de una minoría, sirve para desentrañar la esencia del tema.  El 4 de marzo de 1998, la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos determinó que el acoso sexual no es un asunto privativo entre hombres y mujeres, sino también atañe a personas del mismo sexo.  El fallo fue considerado una gran victoria por los grupos que defienden los derechos civiles de los homosexuales.
 
Curiosamente, en un talkshow argentino cuando un gay se quejó de ser acosado por su jefe, una panelista le contestó  alegremente: "hubieras aceptado, total ustedes los homosexuales son muy promiscuos".  El prejuicio hace que no se entienda que lo que importa es la libertad de elección. Porque, el acoso sexual nada tiene que ver con el erotismo, la moralidad o el placer. Son relaciones de poder.  El acosador ni siquiera se molesta en usar la fascinación que entraña toda situación de privilegio.
 
La legislación internacional, precisamente, aclara que el acoso sexual no tiene nada que ver con la seducción no correspondida.  La mayoría de los testimonios hace hincapié en la grosería y en la falta de cortejo.  El otro se convierte en algo que hay que poseer más allá de su voluntad o consentimiento.  En el fondo, no se trata más que de otra forma de corrupción.  Por eso, para muchos hasta puede ser un premio consuelo.
No ganamos en el fútbol, pero hemos obtenido el subcampeonato de acoso sexual en el mundo.
 

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