Derechos sexuales: ¡Ni un paso atrás!

Laura E. Asturias, laCuerda

Gracias a los arduos esfuerzos de las mujeres del mundo, sobre todo en las últimas décadas, hoy son reconocidos en los tratados internacionales los derechos sexuales, además de los reproductivos.

En Guatemala, Estado signatario de todos los documentos relacionados con este tema, crece el
interés por conocer más sobre los derechos sexuales desde una óptica científica y libertaria, no
dogmática. A la vez, a quienes los promovemos nos preocupa el que, tras cada logro en su entendimiento y reivindicación, arrecia en algunos grupos conservadores la intención de retroceder los avances.

En laCuerda creemos que estos tiempos -marcados por una subregistrada epidemia de VIH/sida y otras infecciones de transmisión sexual, así como un generalizado desconocimiento en el campo de la
sexualidad- requieren superar los patrones que reducen a las personas a sus capacidades
reproductivas; ésta es una visión que no sólo esos grupos pretenden mantener, sino perpetuada también por otros que, aun con mejores intenciones y sin el dogmatismo que caracteriza a
aquéllos, continúan limitando su trabajo a la salud reproductiva, a veces olvidando que la salud -en general- no es posible sin el pleno disfrute de los derechos sexuales. Somos mucho más que una masa de órganos reproductores.

Sostenemos que ya es hora de reconocer y empezar a respetar la integralidad de los seres humanos. Por ello nos interesa redimensionar la sexualidad de manera que sea comprendida más allá de
su componente biológico -el más exaltado desde San Agustín hasta hoy- para abarcar todos los aspectos psicológicos y sociales intrínsecos a la vida de la gente.

Es necesario insistir que cuando hablamos de sexo nos referimos a las características biológicas con las que nacemos y que nos definen, físicamente, como mujeres u hombres. En tanto, el término "género" (componente social de la sexualidad que a la vez influye en la configuración psicológica de las personas) es una construcción social que engloba todo aquello que no nos es inherente al
momento de nacer: son valores, actitudes y prácticas que una sociedad enseña como "propias de la
mujer" y "propias del hombre"; son rígidas normas de conducta que esa sociedad considera "deseables", "normales" y "aceptables" para cada sexo.

Entre los derechos sexuales aplicables a toda persona se encuentran:

* el derecho a los conocimientos acerca de la sexualidad y de su cuerpo,
* a tomar en forma autónoma todas las decisiones sobre el cuerpo, incluidas las relacionadas con la fecundidad y las condiciones de la maternidad y la paternidad,
* a decidir si tener o no relaciones sexuales, con quién, cómo y con cuánta frecuencia,
* a disfrutar de una sexualidad compartida y libre de violencia,
* a que no se atropelle su integridad y a no ser expuesta a situaciones sexuales indeseadas,
* a un trato igualitario,
* a ejercer prácticas sexuales de su elección que no lastimen a otras personas,
* al respeto a su identidad sexual,
* a la atención de la salud en cualquier etapa y durante toda la vida.

Los derechos sexuales se quedarían cortos si no incluyeran también otros que hacen parte de la sensibilidad y las necesidades humanas, como son:

* el derecho al placer sin culpa,
* al disfrute de todos nuestros sentidos,
* a la seguridad, la confianza y la espiritualidad,
* a que se respete la imagen de los cuerpos,
* a privacidad y confidencialidad,
* a la alegría y al ocio,
* también a hablar de todo esto, como parte de la libertad de expresión que es una de nuestras garantías fundamentales.

Cabe señalar que en cada uno de estos derechos está implícita la obligación del Estado de garantizar que sean respetados, así como la de proveer gratuitamente a la población servicios integrales relacionados con tales garantías, incluidos todos los métodos anticonceptivos modernos y seguros.

Quizás sobre decir, pero conviene recordarlo, que el ejercicio de los derechos sexuales implica no
aceptar imposiciones ajenas que contravengan los propios valores, como tampoco propuestas que de alguna manera obstaculicen ese ejercicio.

Alrededor del mundo, también la juventud ha manifestado lo que considera derechos sexuales, sin distingos de sexo, religión, color, orientación sexual o habilidad mental y física; entre otros:

* derecho a conocer sus derechos,
* a ser libres de tomar sus propias decisiones y responsables de sus actos,
* a informarse sobre las relaciones sexuales y disfrutarlas,
* a gozar de seguridad,
* a elegir casarse o no y a planificar una familia,
* a conocer los métodos anticonceptivos y sobre las infecciones de transmisión sexual y a prevenir
embarazos,
* a protección contra el abuso sexual,
* a cuidados de salud accesibles, confidenciales, respetuosos, gratuitos y de buena calidad,
* a que la juventud sea incluida en la planificación de programas relacionados con jóvenes para poder
influir en las políticas de gobierno.

A nivel internacional se ha aceptado que los derechos sexuales son inherentes a las garantías individuales. Ello se basa en el reconocimiento de que todos éstos son indivisibles e inalienables,
puesto que no es posible hacer valer principios tales como la libertad y la justicia, si a la vez se violan derechos básicos cuya ausencia afecta las vidas de las personas.

Por lo anterior, y porque no podemos darnos el lujo de retroceder un solo paso en los avances logrados hasta la fecha, desde laCuerda reiteramos que los derechos sexuales son un tema de justicia
social, toda vez que persiguen el bienestar integral de los seres humanos mediante el logro de
la más elevada calidad de vida. Y exigimos respeto a ellos pues no se trata de concesiones graciosas de algún gobierno de turno, sino de derechos cuyo amplio reconocimiento no habría sido
posible sin el trabajo de largos años de las mujeres.

Conocer los derechos sexuales y asumirlos como parte de nuestras garantías básicas nos permite hacerlos valer con toda propiedad, en cada ámbito, frente a cualquiera que pretenda impedir
nuestro disfrute de ellos. Y esto requiere, antes que nada, reconocernos como personas sujetas de
derechos para hacer uso de ellos, promoverlos y defenderlos.

Carta de derechos para una sexualidad integral

* Tengo derecho a mi cuerpo y a todas sus sensaciones, especialmente el placer.
* A mis propios pensamientos, los que sean y como sean.
* A experimentar todas mis emociones: excitación, gozo y cólera; dolor y depresión; amor y temor; a sentirlas sin importar si son o no aceptables para otras personas.
* A reconocer mis recuerdos, sean de placer o de abuso, y a basar en ellos mis decisiones sexuales actuales.
* A ser una persona sexual en todas las edades y etapas de mi vida y a escoger mi sexualidad, cómo la expreso y con quién.
* A exigir que se respete mi cuerpo, mis pensamientos, emociones y bienestar general.
* A pedir lo que quiero y necesito.
* A rechazar, en cualquier momento, todo encuentro sexual que parezca insatisfactorio o amenazante, ya sea física, emocional o espiritualmente.
* A decir "sí" o "no" y sentirme bien al respecto, sin temor, culpa ni obligación.

laCuerda
Año 5, No. 44
Guatemala, abril/2002
  
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