EDUCACIÓN SEXUAL Y PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA O PREVENCIÓN EN SALUD

Liliana Pauluzzi 

A partir de la segunda mitad del siglo XX se fueron consolidando diferentes movimientos e importantes ejes de visibilidad que permitieron pensar a las mujeres como nuevos sujetos sociales. Entre ellos las mujeres anónimas que fueron transformando la vida cotidiana a partir de su inserción en el mercado laboral, la práctica política de los movimientos feministas y los diferentes estudios de las mujeres académicas que fueron visibilizando la discriminación, desnaturalizando sus prácticas y denunciando su accionar.
 
De esta manera se fue resquebrajando un paradigma legitimador y las certezas previas fueron puestas bajo el microscopio de la duda, rompiendo el equilibrio anterior. Esta realidad social donde las ideas innovadoras conviven con las tradicionales nos lleva a crisis subjetivas profundas reflejadas en múltiples conflictos entre hombres y mujeres y entre generaciones..
 
Los conflictos entre hombres y mujeres tanto en la esfera pública como en la privada se enmarcan dentro de las prácticas violentas y la violencia familiar es una de las formas que se tipificó como objeto de estudio, a partir de la desnaturalización de las prácticas y de la denuncia del accionar de las mismas.
 
Comprender esta temática supone interrogar acerca de los mitos y las creencias que lo sustentan, lo refuerzan y lo perpetúan.
 
El que haya dejado de ser un tema soslayado y negado, no modificó que se perciba sólo como violencia, aquella que es explícita y visible, la que deja marcas físicas que puedan constatarse, y se minimiza aquella violencia invisible que forma parte de la educación afectiva de la infancia, dentro de familias, que basan su unidad y persistencia en relaciones desiguales. Por lo que el desarrollo sexuado de las personas se va construyendo en la naturalización de dominaciones entre los géneros y las generaciones.
 
Entonces hablar de sexualidad y violencia nos lleva a colocar en el centro de la problemática a la infancia donde factores socioeconómicos, socioculturales y psicosociales se interrelacionan entre sí para dar lugar a la producción y reproducción de relaciones interpersonales violentas que se instalan en la construcción de subjetividades , en familias que funcionan como escuelas de formación para futuras relaciones de obediencia y sometimiento.
 
Estas familias que tienen una estructura jerárquica, vertical y autoritaria donde el abuso de poder impregna las prácticas educativas de sus miembros y funcionan con dinámicas en las que se pone acento en los deberes de los subordinados y nunca en los derechos, tiene su origen en estrategias políticas y económicas que hacen que la infancia crezca con una oscura conciencia de sus capacidades y sus derechos.
 
El derecho de corrección por parte de la autoridad está naturalizado y se tiene en alta estima, en la mayoría de los patrones educativos, de igual manera el respeto unidireccional a quién tiene el poder y la anulación de derechos a los más débiles.
 
Un entrenamiento en la obediencia sin crítica y sin estímulo reflexivo es lo que anula la percepción del sí mismo, disminuye la autoestima, impide el juicio crítico y favorece la creencia de que la violencia es un método aceptable para imponer criterios generando posteriores comportamientos violentos.
Ejercer una actitud crítica develando los mitos y estereotipos culturales en los cuales hemos sido educados es imprescindible cuando hablamos de que es necesaria una educación sexual para prevenir la violencia y abrir paso a una sociedad más saludable, reflexionando acerca de modelos alternativos más democráticos y no autoritarios del funcionamiento familiar, legitimando los derechos sexuales y reproductivos y asumiendo una actitud clara con respecto al repudio de todo hecho violento.

La mayoría de padres, madres, educadoras y educadores aceptan que hay que dar a las nuevas generaciones algún tipo de educación sexual, sin embargo una serie de dudas y temores surgen cuando se toca este tema. Dudas que se relacionan a la edad y el sexo de las nuevas generaciones.
Hasta donde contestar si preguntan. Qué terminología usar para que entiendan. Temor de hacer daño con la información brindada. Temor a la reacción de los padres. Temor a las autoridades educativas. Temores todos que aluden a la vivencia negativa que tenemos acerca de la sexualidad.
 
"La vivencia sexual básica de nuestra sociedad es una vivencia negativa, porque gira en torno al coito y el coito es siempre al menos un problema de cómo evitar las consecuencias y algo que se asocia a agresión o a poder"1.
 
Esta vivencia se manifiesta en la gran mayoría de adultos y adultas en dos preguntas recurrentes, ¿qué debe permitírseles? y ¿a partir de qué edad?.
 
Lo que nos muestra el enfoque limitadamente biologista en el que se piensa cuando se quiere encarar el tema, haciéndose referencia al sexo-reproducción y a la sistemática ocultación del sexo placer. Llevando a la curiosa actitud adulta de ocultar, hasta donde la niñez no debe ver, no debe oír, no debe hacer, y cuando resulta imposible ocultar, surge el recurso de cubrir la verdad con fantasías o mentiras.
 
Otra recurrencia es partir del supuesto de que la educación sexual no ha existido, sin embargo estas vivencias y contradicciones muestran que se impartió una educación regida por principios de prohibiciones, silencios, ocultamientos, dictados arbitrariamente por una autoridad internalizada siempre amenazante y difícilmente identificable que nos dice y nos repite hasta el cansancio, que lo que tiene que ver con la sexualidad es sucio, perverso, peligroso y fundamentalmente malo.
 
Tocar la temática de la sexualidad, desnuda las relaciones de poder , entre hombres y mujeres, clases y etnias, "normales" y personas con capacidades diferentes, padres, madres e hijos e hijas, educadores y alumnado, gobernantes y ciudadanos/ as, y es por esto que no es una tarea sencilla de llevar adelante, pero que urge realizarla.
 
Entiendo que la educación sexual debe ser una educación para la vida. Educación para la salud. Tiene que ver con la información, pero fundamentalmente con el compromiso de un cambio social, una transformación que involucre el sentido de nuestras vidas con el devenir de nuestra sociedad. Un proceso de transformación que conduzca a una sociedad mejor, más justa, más humana y menos alienada que la nuestra.
 
Una sociedad donde el afecto a nosotras/ os mismas/ os y a las demás personas, conjuntamente con el respeto, la tolerancia y la comprensión, sean los criterios básicos para emprender la tarea.
 
Esto implica tratar de establecer una cierta distancia entre lo que fue nuestra propia educación y la que intentamos brindar. Empezando por preguntarnos ¿somos capaces de sacudirnos de encima el autoritarismo y ejercer un juicio crítico acerca de nuestras convicciones?
 
Ese autoritarismo que sólo nos hace sentir adultas y adultos con la infancia cuando reprimimos, coartamos, imponemos, culpamos o exigimos. Pero con nosotras/ os mismas/ os, la inseguridad y la dependencia nos lleva siempre a tratar de encontrar un papá o una mamá que apruebe o desapruebe nuestras conductas. Papá o Mamá proyectados en un dogma (ideología, ciencia, teorías, modas, publicidad, etc., etc...) que no se cuestiona.
 
Se trata de crecer y crecer es reconocer que es mucho lo que tenemos que desaprender..
 
Capacitarnos se hace necesario, pero esto va mucho más allá de aprender una bibliografía y salir con una receta, mucho es lo que tenemos que desaprender para que la educación sexual no siga siendo la ocultación de la sexualidad real y menos aún de la sexualidad posible, que no reduzca lo sexual a lo genital, tal como lo plantea Josep Vincent Marques en su conceptualización de la des-deseducación sexual. Un drama para adultos.2
 
Vemos la lamentable imagen de una sociedad desorientada y contradictoria que sermonea sobre la responsabilidad y la irresponsabilidad, sumiendo a las nuevas generaciones en un medio contaminado, después de haberlo privado activa y sistemáticamente de los elementos de saber y de orientación.
 
Ganaríamos mucho y la educación sexual sería eficaz, si los/ as adultos/ as recordáramos, cómo y cuando tomamos contacto con esta realidad. Es absurdo que cada generación quiera obligar a la siguiente a vivir las dolorosas experiencias que ella vivió.
 
"Es inútil separar el placer de la ética. Al niño y la niña ya le han hecho llegar una idea negativa del placer. Trasmítele una ética positiva del placer, no solo un conjunto de permisos.
 
Es inútil separar el placer de la relación. Al niño y la niña ya le ha llegado la idea del poder. Transmítele una estética de las relaciones igualitarias.
 
El niño, la niña es siempre sexualmente normal. Si es anormal en el mal sentido del término, lo será por otra cosa, no por querer tener placer o por tenerlo como lo tiene ...
 
El niño, la niña puede entenderlo todo, incluso que los mayores somos contradictorios. Lo vá a saber mal, así que más vale que lo sepa bien.
 
Critica hasta el límite ante el/ ella toda la pobreza de placer y miseria moral del machismo. El límite es sólo uno: no le crees con ello desconfianza hacia las personas.
 
No trasmitas nada que no vivas. Si solo vives perplejidad y tu deseo de salir de ella, transmite eso. Ya es mucho. Ellos, ellas seguirán adelante.
 
Cualquier descubrimiento que hagas tratando de hacer esto, cuéntalo. No sabemos nada"3
 
¿Qué educación recibimos y qué educación transmitimos?
 
"La reconstrucción del pasado que conlleva toda comunicación de experiencias, , vale la pena en tanto no sea un simple juego del recuerdo, sino una manera de abrir mejor paso al porvenir, o de abrir el paso a un porvenir mejor"4
 
Generalmente tendemos a creer que los sentimientos y experiencias personales son exclusivas, sin embargo en el imaginario de cada persona está representada la sociedad en una instancia psíquica creada por la educación que transmite los preceptos y prohibiciones de la moral histórica vigente de quienes nos educan, en una etapa en que no tenemos posibilidad de juicio crítico. Por lo tanto preguntarnos por nuestra educación nos lleva a remitirnos a ese momento histórico en que el sexo se convierte en problema y la familia nuclear en paradigma. Permitiéndonos analizar las causas que sirvieron de fundamento para que se impusiera la moral sexual y la educación del silencio que se gesta con la Modernidad.
 
En la historia de las ciencias médica se contempló a la mujer y su anatomía, como lo otro, lo diferente, lo que inquietaba, y como reaseguro a esa inquietud, se interpretó la diferencia como inferioridad por voluntad divina.
 
Desde los escritos médicos más antiguos, como en los egipcios Kahun y Ebers, se describen los problemas del comportamiento característico o propio de las mujeres como patologías adjudicándole su origen en una mala posición del útero.
 
En la antigüedad Hipócrates mantiene la idea del útero migrante y serán las relaciones sexuales la que le aseguraran al útero su tranquilidad. Por lo que recomendaba el matrimonio y el embarazo para las jovencitas y ser desvirgadas poco antes de su menarca para que la sangre encuentre salida.
 
Para Platón las mujeres eran hombres castigados, en la creencia que se creo un ser varón pero aquellos que fueron cobardes en un segundo nacimiento fueron castigados y nacieron mujeres dándole el lugar de la concuspiscencia y el deseo.
 
Aristóteles consideraba que el feto esta contenido en el macho que lo deposita en la hembra El nacimiento de una niña es el resultado de un feto mal nutrido, solo el niño es símbolo de perfección.
 
Con la Edad Media los discursos médicos se superponen a los discursos religiosos.
 
Con respecto a la mujer, persistirán las ideas platónicas-aristotélicas y Galeno será siempre recurso de verdad para los médicos medievales. "En suma, la representación que la medicina de la época tiene del sexo femenino es una réplica imperfecta del prototipo del género humano que es el varón, tal como lo había construido el mundo antiguo".5 A esto se une el discurso del mundo cristiano donde únicamente el hombre tiene alma, sólo él está hecho a imagen y semejanza de Dios. Por lo que la mujer representará lo instintivo, lo irracional, lo animal.
 
A la mujer se la identifica como sexo y éste como estigma, por lo que será aquella que lo aleje del camino de la perfección, asociándola con lo diabólico, será objeto permanente de desconfianza para los hombres castos del clero y también habrá persecución.
 
El 1650 Harvey descubre que todo embrión se desarrolla en un huevo, dejando establecido que la mujer produce un huevo que luego será fecundado por el semen masculino. El sexo femenino se valoriza y se va a dar comienzo a un largo proceso histórico de veneración de la maternidad.
 
El descubrimiento del óvulo hace tambien que se inicie el proceso de la medicalización del cuerpo de las mujeres conjuntamente con la teoría de la debilidad de las mismas, explicadas por la particularidad de su comportamiento y la fuerza de su útero, creando las condiciones para reforzar el mito mujer=útero.
 
"La palabra sexualidad aparece recién en los textos del siglo XVIII. En ese tiempo se comienza a gestar lo que hoy entendemos por sexualidad. Es decir, un conjunto de prácticas, sobreentendidos, palabras, miradas, normas, reglas y discursos relacionados con el deseo, la genitalidad, los orificios, las eminencias y las mucosas. Las significaciones se hacen extensibles al cuerpo en general. También a animales y objetos. El imaginario de la sexualidad alcanza asimismo a ciertas músicas, figuras, colores, ademanes. Tiene que ver con algunos ruidos, susurros, gritos, secreciones, silencios. Se prolonga en perfumes, olores, temperaturas y texturas.
 
Antes existió el concepto de la carne, categoría producida por los discursos y las prácticas del cristianismo. Y antes aún, entre los paganos, existía la problemática de los placeres. Uso de los placeres, carne y sexualidad son, entonces, distintas constituciones históricas de la construcción social del deseo"6
 
Europa se vuelve moderna en los siglos XVIII y XIX cuando la burguesía (grupo social compuesto por comerciantes y artesanos dueños de los medios de producción) alejados de la nobleza y el campesinado en sus intereses, lucha por su ascenso al poder. El proceso de producción conducido por la burguesía exige disciplina y puntualidad para elevar el rendimiento.
 
Paulatinamente las reglas de relación social se van modificando, se organiza el tiempo y el ser humano debe convertirse en un órgano de rendimiento.
 
La moral burguesa se impone decidiendo lo que está bien y lo que está mal. Ya no se admite lo sexual en público y no se toleran la exteriorización de los deseos pulsionales. Se establece una alianza entre la moral burguesa y la moral cristiana. En este momento histórico adquiere fundamental importancia la educación, dado que las formas de comportamientos, exigidas por la sociedad sólo pueden imponerse mediante el condicionamiento educativo que garantizará la producción de consenso, legitimando las prácticas sociales.
 
"Los complejos procesos de transformaciones que hicieron posible el cambio de la sociedad feudal a la sociedad capitalista abarcan cuestiones mucho más allá de la transformación de producción económica y las formas de gobernabilidad; fue un discontinuo pero incesante movimiento de transformaciones que abarcó al conjunto de las instituciones de las sociedad: no sólo surge el Estado y las Naciones Modernas y sus formas democráticas, sino que se operan redefiniciones en toda la extensión y profundidad del tejido social, reorganizándose desde la familia y la escuela hasta las cárceles y los manicomios.
 
Dos consecuencias interesa aquí subrayar: que el conjunto de estos cambios redefinió el espacio público y el espacio privado, y comienza allí un proceso de producción de nuevas formas de subjetividad"7
 
La familia nuclear moderna se exalta en medio del espacio público racional, de saberes sistematizados ejercidos por especialistas y el espacio privado considerado básicamente afectivo de saberes empíricos y rutinarios ejercido por mujeres. Esta nueva forma de familia pasó a ser el fundamento de la moral y el orden social con la creciente industrialización del capitalismo. El ser considerada solamente como un lugar básicamente afectivo, ignora y oculta su carácter económico y político .
 
En ese momento histórico se incentivan los discursos médicos sobre los hábitos de vida higiénica, la alimentación sana, la vivienda adecuada y la moralidad de las costumbres sexuales..
 
Se institucionaliza los mitos del amor romántico, la pasividad erótica de la mujer y el mito de la Madre y con él, la politización del rol materno que necesita la familia nuclear., por la que al decir de Ana María Fernández "deberán pagar fuertes tributos, no sólo la mujer sino también los hijos y el marido".
 
El proceso de sentimentalización del espacio privado, doméstico y familiar la convierte en una figura sobre investida que va a tener una importancia fundamental respecto de las posiciones de género.
 
El siglo XVIII convirtió a la biología en el fundamento epistemológico de las prescripciones sociales. Se consagra a la mujer a la función materna por "naturaleza" En el encierro del hogar reproducirá no sólo la humanidad sino el sistema moral que la instituye como tal.
 
Si el hombre es el modelo de la humanidad, la madre será el modelo de la mujer. Si el hombre se identifica con la humanidad, la madre se identifica con la moral, todo lo diferente será inferior, desvalorizado o enfermo.
 
La familia nuclear de la modernidad se convierte en el foco trascendental hacia el que converge la sólida alianza de médicos y pedagogos, donde el brazo ejecutor de esta política de alianza dentro del hogar será la Madre "quien gracias al eterno velar por sus hijos e hijas habrá obtenido un lugar de reconocimiento que fue distanciando la desconfianza y el temor que como "Mujer" inspirara en siglos anteriores"8 Será la encargada de la educación moral que modelará las subjetividades de niñas y niños.
 
Las niñas deberán ser guardadas vírgenes hasta el matrimonio y prepararlas para ser esposas sumisas. Para médicos, moralistas y educadores, como también para las madres la inocencia será garantizada por la ignorancia. "Ignorancia e inocencia serán los bastiones de su virginidad que no sólo implica ausencia de relaciones sino fundamentalmente ignorancias que garanticen que la excitabilidad de su cuerpo esté en manos del hombre"9
 
A los niños se los perseguirá con respecto a la masturbación "vicio" que según médicos y pedagogos se realizaba en el mayor secreto y era incontrolable, por eso se debía apelar al miedo, a la culpa, al asco.
 
"La gran mayoría de los pedagogos del siglo XVIII señalaban como meta de la educación el temor y el asco a la propia sexualidad, a fin de que se desarrolle el pudor "natural" . Pedagogos como K.G. Bauer recomiendan en sus libros que se diga a los niños, que un animal les va a comer los órganos sexuales si andan mucho tiempo desnudos. A las niñas se les inculcaba el miedo a la masturbación, al coito prematrimonial (se decía por ejemplo que la vagina se contraía de tal modo, que el hombre no podía extraer más el pene), al baño, a los libros...
 
En la segunda mitad del siglo XVIII, la discusión pedagógica en torno a la forma en que podía desarrollarse el sentimiento de culpa, llegó a la conclusión de que era necesario estimular el asco a los genitales humanos y a la sexualidad "El pudor y la castidad del niño debe surgir del asco que le inspiran las partes del cuerpo que él conoce como instrumentos de producción de sucios excrementos", afirmaba Bauer y recomendaba que para ilustrar a los niños y adolescentes solo se mostraran los órganos sexuales de cadáveres....
 
Johann Friedrich Blumenbach opinaba que los mejores resultados se obtenían mostrando lo sexual, es decir lo deshonesto, como "la más asquerosa de las porquerías". A juicio del pedagogo S.C. Vogel, especializado en el problema sexual, había que mostrar lo sexual "como una inmunda cochinada" Mientras J. J. Rousseau recomendaba mantener al niño en el estado natural de inocencia y para ello recomienda mantenerlo en la ignorancia de lo sexual a fin de no estimular su curiosidad o provocarle asco para ahogar las fantasias.."10.
 
Por lo general esta educación producía la concentración de la atención en lo genital, adquiriendo una omnipresencia que se traduce en un placer estrictamente genitalizado y cargado de matices negativos, donde la doble moral sexual posicionará los dos tipos de mujeres en el imaginario social. Las santas y las putas. Imputando a aquella que no es esposa y madre, las proyecciones de connotación negativa que el varón arrastra de su propia sexualidad.
 
La jerarquización del lugar maternal de las mujeres, privilegia su aspecto reproductor en detrimento de su erotismo. Las advertencias escuchadas en la infancia van trasmitiendo en forma velada la imagen denigrada y devaluada del placer femenino, de igual forma la advertencia de que todas las mujeres pueden convertirse en "putas" exigiéndose un esfuerzo de control y disciplinamiento que condiciona a la constante defensa de este fantasma que habita en la mayoría de las mujeres.
 
Dos epidemias se producen en el siglo XIX : la histeria y la prostitución, ambas en relación con la doble moral. Los varones burgueses no debían realizar con sus esposas la mayoría de los juegos amorosos porque se consideraban inadecuados o perversos lo que hacía que buscaran el alivio de sus "impulsos irrefrenables" en relaciones paralelas
 
Esta concepción hará de la histeria la enfermedad femenina por excelencia, que se instituye como entidad psiquiátrica a partir del siglo XIX, dónde se establecen los dispositivos para la creación del Mito Madre y la llamada "frigidez femenina" se vuelve cada vez más frecuente.
La histeria pasa tener un interés especial para el siglo XIX, el problema médico que se plantea ante la ausencia de lesión orgánica hace que por un lado se atribuya a la debilidad de las fibras del sistema neurológico de la mujer y por otro lado a una enfermedad que ataca más al espíritu que al cuerpo connotándola dentro de lo moral y atribuyendo los síntomas a la sugestión, la autosugestión o incluso la simulación.
 
La mayoría de las estrategias terapéuticas son las prescripciones de una vida higiénica, debiendo renunciar a todo aquello que pueda excitar su imaginación como los bailes, las novelas y evitar la ociosidad.
 
En realidad de lo que se trataba era de un proceso de disciplinamiento. En casos más avanzados se recomendaban curas de reposo, baños, masajes, siendo los principales resortes la fascinación y el sometimiento a la autoridad médica que ejercía la figura de éste sobre sus pacientes.
 
"Muchas mujeres fueron catalogadas como moralmente insanas sólo por el hecho de no ajustarse a lo que sus padres, la sociedad o la medicina esperaban de ellas. Está el caso de la Condesa Ilona E., quien estuvo en Bellevue, desde 1893 hasta 1899. Su madre explicó a los médicos que ella leía novelas de Zola, tenia un affaair amoroso con su tutor y deseaba ganarse la vida como profesora de piano. Un informe de un cierto Dr Svetlin, de otro asilo donde la mujer había estado confinada, establecía:
 
".La paciente protesta contra el hecho de ser clasificada como enferma diciendo:-" en mi familia, uno no podía evitar ponerse neurótico ". Su defecto ético más acentuado es la total falta de amor por su madre. Otra indicación de patología moral es su absoluta irreligiosidad y falta de fe en la autoridad...Queda claro de estas reflexiones, resultado de cinco meses de observación de la Condesa, que ella sufre un caso leve de insania moral. En definitiva no es recomendable permitirle ser independiente"11
 
En este escenario surge el psicoanálisis, preocupándose por los síntomas histéricos, rompe con el discurso neurológico psiquiátrico confirmando una etiología sexual y definiendo el inconsciente como uno de los sistemas del aparato psíquico y propone un nuevo proyecto para la cura.
Sin embargo Freud no pudo descentrarse en sus teorizaciones sobre la sexualidad femenina del discurso médico tradicional, viéndola como hombre fallado con un "pene inconspicuo" que envidia el pene del hombre.
 
¿Cuánto de las concepciones de Platón, Aristóteles, Galeno están en esta particular construcción de la sexualidad femenina?, el condicionamiento histórico cultural de las concepciones "científicas" de Freud y su carácter ideológico no puede ignorarse en sus teorías de igual manera que la vigencia actual de estos conceptos.
 
Creemos que es de suma importancia insistir en este recorrido, donde una concepción de la sexualidad en la cual el eje principal de la mujer sea la reproducción , forma parte de los complejos procesos de violentamiento histórico del erotismo femenino
 
De esta manera el erotismo pasa a ser un área privilegiada del varón, quien interioriza las preocupaciones oficiales del colectivo masculino, "tamaño del pene / potencia /capacidad de engendrar"12 lo que lleva a la figura del mítico gran Varón que debe ser, en el que el placer se subordina al cumplimiento del rol masculino.
 
El discurso de la masculinidad y feminidad que se construye como dos mundos diferentes, con destinos y derechos diferentes evolucionaran casi sin encontrarse y lo harán sólo para reproducirse.
 
El varón masculino será sinónimo de fortaleza, racionalidad, actividad, agresividad, independencia, dotado de una virilidad que lo hará dueño de un "impulso sexual irrefrenable". Por lo tanto para hacer valer su identidad deberá convencerse y convencer de que no es una mujer, que no es un niño y que no es homosexual.
 
La mujer femenina será sinónimo de espiritualidad, intuición, pasividad, sumisión, dependencia y estará dotada de una afectividad desexualizada por lo tanto para hacer valer su identidad deberá convencerse y convencer que es asexuada, que es maternal y que no es puta.
 
En medio de estos estereotipos danza el amor romántico, una de las principales nutrientes de la educación de niñas y adolescentes donde la entrega total y la postergación de sí misma hace que todo se justifique y se perdone en nombre del amor.
 
Los tiempos han cambiado y parecería ser que esta es historia antigua, el sistema ya no necesita al sujeto ascético, ahorrativo y moralista sino el consumidor inquieto en un mundo donde todo se compra y todo se vende.
 
"Actualmente un niño, una niña puede nacer con el aporte genético de una tercera persona cuya identidad jamás conocerá, dos gemelos pueden nacer con varios años de distancia, una mujer puede parir a una criatura que no ha concebido o que ha concebido con el esperma de un hombre muerto, una criatura puede tener hasta cinco progenitores (madre ovular, gestante, social, padre genético y social ), una abuela puede gestar al niño o niña concebido por su hija y su yerno".13
 
Las Nuevas Técnicas de Reproducción asistida (N.T.R) son una manifestación más del control de la vida y la sexualidad humana por el poder económico y médico, en el que sigue estando presente la mujer=útero.
 
El útero de una mujer es equivalente al de otra ya sea prestado, alquilado o donado, de- subjetivándonos como personas.
 
El cuerpo de una mujer se convierte en laboratorio viviente de la biotecnología y aunque la reproducción humana es indisociable del deseo, de la sexualidad y del cuerpo; las N.T.R. actúan como si fuera una cuestión de órganos o gametos.
 
Los países desarrollados invierten millones en las investigaciones sobre N.T.R. mientras en los países del tercer mundo mueren diariamente 40.000 niños y niñas víctimas de la reducción de los recursos sociales en función del pago de la deuda externa, los programas de ajuste estructural y las normas del comercio internacional que mantienen la dominación de los países desarrollados. Y con ello aumentan las desigualdades entre ricos y pobres y se posibilitan que las políticas de población sigan pasando por nuestros vientres, apropiándose de nuestros cuerpos y de nuestro potencial reproductivo.
Por lo que podemos decir que a pesar de los cambios, los discursos cuidadosamente armados y transmitidos de generación en generación se van enmascarando con velos liberalizadores, que pareciendo ser distinto, ante el más mínimo análisis se impone el núcleo disciplinador. "En las relaciones de poder, la sexualidad no es le elemento más sordo, sino más bien, uno de los que está dotados de la mayor instrumentalidad: utilizables para el mayor número de maniobras y capaz de servir de apoyo o de bisagra para las más variadas estrategias"14
 
Y estas estrategias son las que considero fundamentales de de-construir, estrategias que funciona en el imaginario social, provocando que los miembros de la sociedad "enlacen y adecuen sus deseos al poder y que sus instituciones se inscriban en el espíritu de los hombres y las mujeres, hace que los concientes e inconscientes se pongan en fila. Más que a la razón, el imaginario social interpela a las emociones, voluntades, sentimientos, sus rituales promueven las formas, que adquirirán los comportamientos de agresión, temor, de amor, de seducción que son las formas como el deseo se anuda al poder"15

El mito del amor y el mito de la Madre son los que con mayor más eficacia siguen vigentes en la actualidad.
 
No creo que amor haga daño, en todo caso es el desamor que daña, pero a veces confundimos tanto que le ponemos el nombre de amor a la dependencia, a la culpa, al ejercicio del poder, al sometimiento, etc, etc...

La confusión nace y crece en el seno de estas familias de estructuras jerárquicas, verticalistas y autoritarias que facilitan el abuso de poder entre géneros y generaciones.

Hechos dramáticos y lacerantes, cotidianamente nos golpean cuando hablan quienes no tienen voz, y muestran desencarnadamente una realidad que poco tiene que ver con el amor, pero sin embargo muchas de esas realidades se sostienen en nombre de él.

"El porque te quiero te aporreo", se empieza a aprender en la relación parental, "el por tu propio bien" va distorsionando el sentido del vínculo afectivo, "mejor que llores vos hoy, que yo mañana", nos entrena en la obediencia sin crítica, anula la percepción del sí mismo, disminuye la autoestima y convierte a los seres en adeptos incondicionales de la violencia anudada con el amor

El antagonismo de géneros aprendido en la violencia de estos hogares condiciona de manera diferente a niños que a niñas.
 
El discurso social hará que los varones aprendan rápidamente una masculinidad asociada a la agresión, la conquista y el ejercicio del poder arbitrario con las mujeres y la niñez. La virilidad debe ser expresada por la fuerza que manifiesta el grito, el golpe, la violación.

No sólo la identificación con la figura paterna llevará al varón a esas conducta, sino también las ansias de recuperar el poder perdido en la infancia a manos de sus progenitores, cuando los sentimientos de desolación y desamparo lo enfrentaban a la convicción de ser totalmente desprotegido. Tendrá que demostrar que es un hombre y para serlo tiene que demostrar que no es un niño, ni una mujer, ni un homosexual. La inseguridad y precariedad de esta identidad hace que busque desesperadamente una seguridad que solo encuentra en el sometimiento de otros seres.

Mientras en los hombres las consecuencias del abuso y el maltrato vivido en la infancia va a proyectarse hacia afuera, en las mujeres, las graves injusticias y agresiones infligidas en la infancia tendrá otro destino, dada la imposibilidad de defenderse y articular su rabia y dolor, estas experiencias no podrán ser integradas a su personalidad y la hostilidad conciente o inconciente se dirigirá contra sí misma, bien contra su cuerpo (anorexia, bulimia, automutilación) o hacia quién considera parte de ella misma, su descendencia.

Es común tanto en niñas como niños que sufren desamparo, maltrato, abuso, que dirijan la bronca hacia sus madres desdibujándose la figura del agresor. El mito de la Madre es lo que impide que se pueda ver claramente la persistencia de una estructura perversa y enferma que es inherente a este tipo de institución familiar que produce y reproduce relaciones interpersonales violentas.
Las diferentes caras del maltrato y el abuso infantil dan respuesta a un sinnúmero de actitudes y conductas tanto de hombres como de las mujeres que no pueden protegerse a sí mismas y quedan vulnerables para futuras victimizaciones hacia ellas y sus hijos e hijas.

"La sociedad espera que las madres se comporten como si estuvieran provista de una varita mágica que no sólo las libera de anteriores conflictos, sino que también las equipan para que manejen las nuevas emergencias de la maternidad con habilidad, precisión y destreza.¿Por qué resulta tan difícil comprender que para muchas mujeres la maternidad intensifica sus problemas previos hasta el punto de que llegan a ser incapaces de seguir afrontándolos "16
 
Muchas adolescentes hambrientas de afecto son víctimas de este discurso social acerca de la idealización de la maternidad entramado con las nutrientes del amor romántico transmitidos por revistas, canciones, novelas y telenovelas. Y muchas de ellas ven en el embarazo temprano la solución para salir del fuego inicial de la violencia de su familia de origen que la mayoría de las veces las lleva a una repetición de la situación de la que intentaban salir, esta vez con la violencia de su pareja y así ven suceder sus embarazos como algo que les pasa sin poder tomar decisión alguna al respecto,
Educadas en la no-posesión de sus cuerpos viven su sexualidad y genitalidad con un bajísimo protagonismo, excluídas de sus derechos sexuales y reproductivos, en su rol de madres muchas veces intentan superar la infancia vivida, con tan pocas herramientas, que terminan reproduciendo el desolador patrón al que estuvieron expuestas.
 
Los varones significados como los únicos seres con derechos rigen sus vidas como eternas menores de edad a las que se les adjudica el cuidado y la protección de la infancia.

De-construir los mitos del "Amor" y de la "Mujer=Madre" son temas claves en un programa de educación sexual y prevención de la violencia, que no es otra cosa que prevención en salud . De igual forma el estudio de las políticas de educación que nos permitan modificar y comprender conductas y síndromes que nos mantienen entrampadas en una estructura subjetiva de barrotes emocionales que en muchos casos nos impiden ser sujetos de derechos, abonando el terreno para la perpetuación de la violencia.
 
Creemos que la escuela y las y los docentes tienen un papel importante en la transmisión de modelos alternativos. Si bien estamos convencidas que brindar una educación no sexista y democrática es una problemática que excede el marco de la escuela ya que esto atañe a las familias y a la sociedad en su conjunto, la escuela puede llevar a cabo una importante labor de transformación.
 
"La escuela es una caricatura de la sociedad. Por ella pasan, como por ningún otro lugar, empequeñecidos por diminutivos, todas las ideas que una sociedad quiere transmitir para conservar, todo aquello en lo que cree o en lo que se quiere que se crea. La enseñanza, en los niveles elementales, está en manos de mujeres. ¿Hasta cuándo vamos a repetir dócilmente la lección que nos dictan?"17

Liliana Pauluzzi

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