Frontera sur de México: Prosigue tráfico de mujeres
Soledad Jarquín Edgar, corresponsal Cimac
25.06.2003
 
La migración de mujeres centroamericanas a la frontera sur de México, así como de mexicanas hacia la del norte, está marcada por el tráfico de personas en el que intervienen autoridades y pandillas. Algunos estudios apenas permiten el asomo del rostro más desconocido y perverso de la humanidad.
 
(Oaxaca, México, Cimac) Aunque cada país tiene sus reglas, el origen de la migración es la pobreza, agudizada cada vez más por políticas neoliberales que hacen a los pobres más pobres y a los ricos más ricos, señalan expertos que se reunieron en esta ciudad para participar en el Congreso Internacional Frontera Sur, México, país de tránsito.
 
Migrar es el último recurso ante la crisis; es la última frontera de la esperanza de una vida mejor. Al igual que las mexicanas en Estados Unidos, las hondureñas y las guatemaltecas en México, las nicaragüenses en Costa Rica, las fronteras convierten las esperanzas en pesadillas. Pero México es para Centroamérica la parte más estrecha del embudo.
 
Todos lo saben
 
Muchas o casi todas las mujeres centroamericanas que cruzan de manera ilegal las fronteras sufren violencia sexual en su larga travesía hacia EEUU, coinciden representantes de pastoral social que desde hace años establecieron casas para las personas migrantes en Costa Rica, Honduras, El Salvador, Guatemala y México.
 
Con la imagen muy reciente de dos jóvenes guatemaltecas violadas y asesinadas en la primera quincena de junio en Tapachula, Chiapas, el sacerdote de nacionalidad brasileña, Ademar Barilli, asegura que las mujeres están totalmente vulnerables en esa frontera, donde pasa todo y todos hacen como que no pasa nada.
 
Barilli, actualmente coordinador de la Casa del Migrante en Guatemala, afirma en tono sarcástico que como México no hay dos, es bueno, porque entonces ningún emigrante centroamericano llegaría a Estados Unidos.
 
En esta frontera, dice refiriéndose al sur de México, las mujeres tienen frente a sí una gran cantidad de enganchadores que, mediante engaños, las llevan a prostituirse a los bares de la zona. Ahí mismo alguien las denuncia, se las lleva la policía y, luego, el dueño o dueña del bar paga la multa, pero deben saldar la deuda trabajando como prostitutas.
 
En la frontera México-Guatemala, la oferta de ayuda para pasar a las migrantes viene de todos: funcionarios federales, estatales o municipales, policías judiciales, preventivos o municipales, coyotes... mientras las pandillas, como los maras o maras salvatruchas, han exacerbado la violencia sexual contra las mujeres, sobre todo del lado mexicano.
 
En entrevista, Miguel Antonio Arévalo Galdámez, de El Salvador, coincide con el padre Ademar Barilli, al asegurar que la violencia sexual es común en esta frontera y son las autoridades quienes muchas veces incurren en la comisión de este tipo de delitos en contra de las migrantes.
 
Como sucede en toda la región, explica, cada mes salen unos 6 mil salvadoreños hacia Estados Unidos. De ellos, se estima que un 10 por ciento son mujeres que abandonan su país debido a la pobreza, cada vez más profundizada por la política neoliberal, que ha dado serios golpes a la economía salvadoreña con la venta de empresas estatales a manos privadas, principalmente en el área de telecomunicaciones.
 
Esta no es una situación de la que escapen las mujeres –explica Arévalo Galdámez– que ven en la migración su última oportunidad, pero sólo unas cuantas consiguen llegar a Estados Unidos, el resto permanece en la frontera o trabaja bajo cualquier nivel de explotación como empleada doméstica en los estados vecinos del sur de México.
 
Las otras, las que permanecen en la frontera, son sometidas al comercio sexual, entre ellas están muchas menores de edad de entre 12 y 15 años, pero nadie ve nada y nadie lo puede resolver.
 
http://www.mujereshoy.com/secciones/898.shtml

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