"Íbamos a ser reinas"
Mentiras y complicidades que sustentan la violencia contra las mujeres
 
Libro por Nuria Varela

"Íbamos a ser reinas" propone un recorrido por todos los recovecos del alma y de la razón para desentrañar por qué se tortura a las mujeres en sus propias casas; cómo lo soportan ellas; qué mecanismos sociales, educativos, legales y religiosos actúan como cómplices eficaces para que la sociedad no se decida a terminar con una ideología que cada año asesina a decenas de mujeres en España, a miles de mujeres en todo el mundo. La violencia contra las mujeres es una pandemia que llega al siglo XXI con la misma fuerza con la que ha recorrido toda la historia de la humanidad.

Este libro está tejido sobre las conversaciones mantenidas con mujeres que vivían en casas de acogida, en pisos tutelados o que ya estaban intentando rehacer sus vidas tras haber pasado unos meses en ellos. Íbamos a ser reinas presenta a mujeres muy valientes que han decidido romper el silencio y la indefensión que han rodeado sus vidas y certificar que los agresores no son locos ni enfermos y que ni la edad ni la pobreza ni el alcohol son motivos de los malos tratos y las agresiones ni los justifican. El único factor de riesgo es ser mujer.

"Por el derecho a una vida digna de todas las mujeres, es necesario romper con las mentiras y complicidades que sustentan la violencia de género. Ni reinas de la casa, ni reinas del hogar, ni reinas de corazones ajenos. No es posible calificar un Estado como democrático si buena parte de sus ciudadanas no tiene libertad, no están protegidas eficazmente por las fuerzas de seguridad y no tienen defensa jurídica garantizada".

Nuria Varela

LA AUTORA

Nuria Varela es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado como redactora en el semanario Panorama, para el que ha cubierto la guerra de Bosnia, el sitio de Sarajevo, los campos de refugiados en Croacia y el golpe de Estado en Rusia. Desde 1993 trabaja en Interviú, donde ha realizado reportajes sobre la matanza de Acteal en Chiapas (México), la vida en los campamentos de refugiados saharauis y la situación de Afganistán y de los campos de refugiados afganos en Pakistán tras la llegada de los talibanes. Asimismo, ha publicado gran cantidad de reportajes sobre mujeres y coopera con distintos grupos y plataformas de mujeres contra la violencia de género.

EL LIBRO
Nota de la autora

"Quien bien te quiere te hará llorar" y otras grandes mentiras de la historia

Estaba delante de mí, las muletas apoyadas en el sillón, una muñeca vendada y las lágrimas paseándose por sus mejillas sin que ella les hiciera caso, como si fuese algo natural, como pestañear. Apenas me miraba a los ojos mientras desmenuzaba recuerdos. De pronto susurró: "estoy enamorada, le quiero". Han pasado diez años, no recuerdo su nombre, pero no he podido olvidar su cara. Era una mujer muy menuda, bajita, morena de piel y cabello. Apenas se movía y, sin embargo, permanecer un rato a su lado hacía que te sintieras nerviosa. Sus ojos estaban hundidos, remarcados por un contorno azulado. Tristeza en  estado puro.

Hacía poco más de un mes que aquella mujer sin aliento de vida había llegado al centro de acogida para mujeres maltratadas de la Federación de Asociaciones de Mujeres Divorciadas y Separadas. Su presidenta, Ana María Pérez del Campo, me había dicho: "los maridos españoles matan más
que ETA". Yo me enfrentaba a mi primer reportaje sobre violencia doméstica. Era un tema que me preocupaba y no acababa de entender. Veía cómo morían mujeres ante la impasibilidad de todo el mundo. Apenas se reseñaban en la prensa, como mucho en las páginas de sucesos. No había estudios, no había datos, no había explicaciones... parecían muertes normales.

Comprobé la frase de Ana María. Era verdad. En España morían, mueren, decenas de mujeres a manos de sus maridos, compañeros, novios o amantes sin que se considere un problema de Estado.

Comencé a trabajar el reportaje y cada día era peor. Cuando salí por primera vez del centro de acogida llevaba el estómago revuelto. Tantas veces crucé la puerta de aquella casa, cuantas más dudas tenía. Aquella mujer, aún coja por la última paliza de su marido y que se movía por el centro apoyándose en sus muletas, con temor, sin asomarse siquiera a la puerta, con ojos huidizos, marcada en todo el cuerpo, ¿cómo me podía decir que estaba enamorada?

Cuando terminé el reportaje sólo una idea me daba vueltas en la cabeza: nos habían engañado. La Historia, la que se escribe con mayúsculas y también la que se escribe con minúsculas, se había tejido para robarnos la dignidad. El ideal de amor romántico y la institución familiar loada por la iglesia católica y el Estado nos estaban matando. Han sido  siglos de organización del mundo basándose en una pareja formada por un hombre que trabaja, gana dinero, disfruta del ocio y tiene vida pública junto a una mujer que trabaja en la casa familiar, no es propietaria de bienes, dedica su vida al cuidado de su marido y sus hijos, no tiene apenas  ocio y no participa en la vida pública. Tantos siglos encerradas, despreciadas, minusvaloradas, son como un ancla que nos impide vivir en libertad aun cuando las mujeres participemos desde hace décadas en el trabajo retribuido, no tengamos hijos, disfrutemos del ocio y  comencemos abrirnos espacios en la vida pública. La autoridad masculina y el reparto del poder están enraizados y apenas son cuestionados. La incorporación de las mujeres a los puestos de responsabilidad se está realizando con las mismas reglas del juego. Las estructuras permanecen inalterables.

Miles, millones de mujeres tenían, tienen, destruida su autoestima por parejas que les recuerdan todos los días cuál es su sitio: "tú qué sabrás". Millones de mujeres tenemos maltrecha la autoestima como
colectivo, por una sociedad que cuestiona lo incuestionable: los derechos humanos de todos los seres humanos, hombres y mujeres.

Este libro nace de aquella mirada de tristeza, del trabajo de diez años buscando respuestas a aquel "estoy enamorada". El resultado es el testimonio de las mujeres silenciadas, maltratadas por sus parejas y  por una sociedad que ni siquiera escucha sus opiniones y análisis. Junto a sus palabras, algunas reflexiones que quisiera ayudaran a desmontar las mentiras, a desenmascarar a los cómplices que sustentan la violencia contra las mujeres. En las últimas páginas aparece una recopilación de recursos que pueden paliar las situaciones más dramáticas. A lo largo del libro en cada frase, quiero depositar todo mi cariño hacia esas mujeres a las que sin ninguna razón les están robando, les han robado  la vida, estén vivas o enterradas, y todo mi desprecio hacia quienes se consideran propietarios de la dignidad de otros seres humanos.

Prólogo de Marcela Serrano
AVES DE RAPIÑA

"Esto no es una lamentación, es el grito de una ave de rapiña"
-- Clarice Lispector

Finalizo la lectura de "Íbamos a ser reinas" de Nuria Varela, un libro como los hay pocos, una investigación seria, rigurosa y documentada sobre la violencia de género que no sólo denuncia lo existente sino que se aventura en indagar sus causas, haciendo un aporte sustancial a una temática incómoda y sistemáticamente eludida. No es frecuente, dada la enorme actividad que manifiesta el mundo editorial, calificar una publicación como urgente y como necesaria; pareciera que en la maraña  de las numerosas páginas impresas, bien podríamos vivir sin tantas de ellas.

Sin embargo, en este caso vale la pena detenerse. Vale la pena  escuchar. Muchas voces vendrán a inundarnos, testimonios dramáticos sin edad ni clase ni raza, que se unifican entre ellos por una sola razón: por provenir de los labios de una mujer. Pero no son historias de vida plasmadas al azar; la habilidad de la autora consiste en tomarlas y desmenuzarlas de tal modo que el proceso va entregando elementos valiosísimos para comprender este fenómeno: nos remite a su origen -eterno, por cierto- y luego nos trae al presente, exhibiendo  las trampas en que se envuelve la generación de esta violencia
específica -en palabras de Nuria Varela: sus mentiras y complicidades-  y a partir de ello, trazar un virtual itinerario que permite imaginar y soñar con su fin. Una utopía válida. Por ello, afirmo sin pudores: sí, es está una publicación urgente y necesaria.

Finalizo la lectura y permanezco inmóvil, en silencio, arrinconada en una esquina de la habitación, como si cualquier movimiento, el más mínimo, pudiese traerme el dolor de las otras, no sólo a mis ojos, también a mi cuerpo, ese cuerpo en donde se materializa la desigualdad milenaria, allí donde han asestado la injusticia por un solo motivo:  por ser el cuerpo de una mujer. En este instante, yo soy la castigada, la invisible, soy la maltratada. ¿Quién ha cavado estos agujeros? ¿Quién  ha roto mi mirada? ¿Quién ha desoído mi respiración de espanto? ¿Quién ha cortado, golpe a golpe, los pedazos que me arman? Me repliego, muda, las palabras vuelan lejos, no las sujeto como si me esquivasen desde el principio de los siglos, palabras vacías que se deletrean sonido a sonido perdiendo su significado. Como toda criatura marginada, expoliada, espiada y exiliada, me quedo sin lenguaje.

Entonces recuerdo que existe el grito. Que puedo gritar. O lamentarme, que en eso nos hemos pasado la vida; de pura niebla que convertiría el firmamento si juntásemos los lamentos dispersos de cada una,
opacaríamos al sol para siempre y nos gusta tanto el sol. Tampoco silenciarme, de ellos ya tenemos bastante, sílabas opacas cayendo a un vacío que no controla mi boca. Ni llorar. La hora del llanto ya se heló, copó todas las vasijas. Rebasó la peor de las lluvias precipitadas. ¡Ni una  lágrima más! Es la hora del alba, aquélla que escucha a las aves de rapiña, también la del atardecer y la del mediodía porque estas aves se las arreglan para ser siempre escuchadas. Buitre o águila, aves carnívoras de sangre caliente, pico robusto y garras fuertes, aves cuyo bello plumaje desafía a otras, aquellas de color pardo, verdoso y  amarillento, que anidan en la tierra y se dejan coger con facilidad. Es que sus gritos contagian, toda ave que las escuche anhelará vociferar junto a ellas, ni la más desértica se mantendrá indiferente, se levantarán, dejarán sus nidos, olvidarán la oscuridad -ese oscuro rotundo que les impide recordar las formas y los colores-, la intemperie no las acobardará por unos momentos, no les temerán al desamparo, y el aire impenetrable se volverá transparente. Entonces, emprenderán el vuelo.  Un caos el cielo con tanto grito. Un jolgorio.

Será el comienzo del deseo.

Le robaremos el verso a Neruda y gritaremos con una sola voz: sube a nacer conmigo, hermana. Porque siempre, siempre se puede volver a nacer.

Marcela Serrano
Diciembre 2001

"Íbamos a ser reinas"
Mentiras y complicidades que sustentan la violencia contra las mujeres
Nuria Varela
Colección Crónica Actual (Ediciones B)
(Estará en las librerías la segunda quincena de febrero - P.V.P 14,99 ?)
 
[volver al índice]

principal | sobre Arte Sana | servicios | informacion | recursos


Copyright © Arte Sana 2001. Derechos Reservados. Términos de Uso.