Aumentan intentos de suicidios de adolescentes latinas
 
Marisa Trevino
Women's Enews/Tertulia
 
Hace dos años, Norma Westurn, consejera licenciada en salud mental, invirtió un día entero en brindar consejería en una clínica en esta ciudad pero, en vez de concluir la tarea e irse a casa, tuvo que enfrentar más horas llenas de clientes. La única diferencia fue que la clientela después de horas hábiles estaba conformada por gente latina. "Me sentí abrumada" por todos los clientes hispanohablantes, recuerda Westurn, originaria de Brasil, "pues yo era una de las pocas personas en la clínica que hablábamos español. Sabía que existía una necesidad, pero me sorprendió que fuera tan grande".

Ése fue un vacío que motivó a Westurn a fundar una cadena de puestos de salud mental llamados Centro de Mi Salud. Pero no fue sino hasta que abrió sus puertas que ella se percató que la necesidad de sus servicios era mucho mayor de lo que había imaginado. Cada vez más adolescentes latinas estaban visitando sus clínicas, y la mayoría lo hacía por la misma razón: habían intentado suicidarse.

El suicidio en la población adolescente no es desconocido. Los datos populares muestran que ésta es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 24 años de edad. Pero el intento de suicidio entre adolescentes latinas era otra historia. La mera idea era ampliamente considerada absurda, dado que las familias latinas son conocidas por sus estrechos vínculos y cohesividad, dos factores que desalientan el suicidio adolescente.

Sin embargo, las jóvenes latinas intentan cada vez más el suicidio, un hecho que está cobrando reconocimiento por parte del gremio médico. Según un informe publicado en julio por la Revista de la Asociación Médica de Estados Unidos (JAMA), las adolescentes latinas tienen muchas más probabilidades de intentar suicidarse que las jóvenes blancas o negras.

El hallazgo no es nuevo; un informe publicado en 1999 por la Coalición Nacional de Organizaciones Hispanas para la Salud y Servicios Humanos (que oficialmente cambió su nombre, en el año 2000, a Alianza Nacional para la Salud Hispana – hispanichealth.org) reveló que una de cada tres latinas estudiantes de secundaria contempla el suicidio. Lo nuevo es que, si bien en años pasados los miembros de la familia podrían haber sentido vergüenza por reportar el intento de suicidio de su hija, hoy día activamente buscan ayuda para una conducta que no pueden explicar, como tampoco pueden hacerlo los médicos que tratan a las jóvenes.

FAMILIA Y CULTURA, DOS FACTORES FUNDAMENTALES. "No lo entendemos completamente", admitió el Dr. Glenn Flores, autor del informe y profesor asociado de epidemiología pediátrica y políticas de salud del Colegio Médico de Wisconsin. "Pero algo interesante que descubrimos en nuestra investigación fue que mientras más se 'americaniza' o aculturiza la juventud latina, peor es esto para su salud".

Esa observación es compartida por especialistas en salud mental en el país. Las adolescentes padecen una serie de inseguridades acerca de su apariencia, del éxito académico, la popularidad entre su grupo, la familia y las relaciones sexuales. Ser una joven latina complementa los ya típicos problemas de la adolescencia e incorpora un componente clave: la cultura.

Usualmente, la cultura latina tiene expectativas tradicionales respecto a las hijas. Cuando una familia latina emigra a Estados Unidos, algunas jóvenes se sienten divididas entre la cultura en la que nacieron y la nueva que desean abrazar.

"Las adolescentes quieren hacer las cosas a su manera, socialmente y de manera más independiente", dice Vida Yarn, una consejera profesional licenciada. "En la cultura hispana, la familia es más interdependiente, y aquí las jóvenes no quieren sentirse tan atadas a la unidad familiar. Desean tener más interacción social con sus nuevas amistades. Las madres y los padres no lo comprenden, y luego la joven se deprime y empieza a tener conductas suicidas".

Además de desafiar las expectativas tradicionales de la familia, la adolescente latina también debe servir como un puente entre sus progenitores y la nueva cultura. Su madre y padre a menudo dependen de ella para que funja como su traductora en las transacciones cotidianas.

Esta dependencia, según especialistas en salud mental, transforma las dinámicas familiares. La joven asume el rol parental de comunicarse con la sociedad, lo que a su vez ejerce presiones adultas sobre ella. La tensión aumenta cuando la adolescente empieza a preocuparse por la salud de su madre y padre, quienes son la única fuente de ingresos para una familia que podría estar luchando por subsistir. Aunada a la dependencia parental está la expectativa de la madre y el padre de que a su hija le vaya bien y tenga éxito en esta nueva tierra de oportunidades. Pero algo con lo que no cuentan es que su hija aprenderá a aprovechar esas oportunidades.

"Cuando la niña o el niño habla inglés, pero la madre y el padre no, la hija o hijo tenderá a manipularles", dice Yarn. "Se saldrá con la suya en muchos aspectos, lo cual no ocurriría si vivieran en una comunidad donde toda la gente habla español y la escuela se comunicara bien con las familias".

Algunas personas especialistas en salud mental opinan que los sistemas escolares podrían hacer más para reducir la cifra de intentos de suicidio por parte de jóvenes latinas.

La Dra. Ruth Zambrana, coautora del informe y profesora adjunta de medicina familiar en la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland en Baltimore, sostiene que el sistema escolar es una experiencia denigrante para la mayoría de personas latinas y comunidades de bajos ingresos.

"La investigación muestra que la mayoría de docentes no tiene la preparación necesaria para lidiar con estudiantes de diferentes culturas", señala Zambrana. "El sistema escolar no brinda a las latinas la esperanza, la información sobre opciones y otras informaciones necesarias" para tener éxito.

Se sabe que estos factores contribuyen a una autoimagen deficiente -- un indicador fundamental en la probabilidad de considerar el suicidio. Sin embargo, aunque estos factores eran conocidos como indicadores de suicidio, sus efectos en las latinas no lo eran, porque las personas hispanas a menudo han sido excluidas de las investigaciones académicas.

El informe publicado en julio reveló que las personas latinas frecuentemente no son incluidas en la investigación sobre salud infantil pues los estudios suelen excluir a quienes no hablan inglés; los diseñadores de los estudios a menudo asumen que una muestra es nacionalmente representativa cuando sólo se analiza a personas blancas y negras. Personas latinas y otras no blancas son relegadas a una "otra" categoría.

Los especialistas en salud creen que sólo cuando la comunidad médica empiece a reconocer las distintas necesidades y diferencias de la población latina, podrá haber un enfoque más realista y culturalmente apropiado al tratamiento y las intervenciones.

Un enfoque aún más adecuado, sugiere Zambrana, es "un programa que no sólo brinde a la niña atención a su salud mental sino, más importante aún, que descubra cuáles son sus sueños y esperanzas, y la ayude a alcanzarlos".

El informe que aquí se comenta, titulado "The Health of Latino Children: Urgent Priorities, Unanswered Questions, and a Research Agenda", está disponible (en inglés) en este sitio:

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