- VIOLENCIA INTRAFAMILIAR: EL HORROR EN CASA
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- Daniela Pastrana
Diario La Jornada (México), 25 de noviembre de 2001
Una de cada tres mujeres en el mundo sufre maltrato de su pareja o de algún familiar. Una de cada cuatro ha sido violada o agredida sexualmente. El 70% de las agresiones sexuales a los niños se da en la familia. Cada año, 2 millones de niñas sufren mutilación genital. La mitad de los homicidios de mujeres los cometen sus parejas o ex parejas.
La discriminación de género, traducida en violencia, tiene un saldo estremecedor: por lo menos 60 millones de mujeres que hoy deberían estar vivas han desaparecido.
Es, sin duda, uno de los rostros más oscuros y ocultos de la humanidad. "La violación más vergonzosa de los derechos humanos", en palabras de Kofi Annan, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas.
Ninguna sociedad se escapa. La violencia hacia las mujeres, y su modalidad más cruda, la violencia dentro de la familia, cruzan todas las fronteras geográficas, sociales y culturales.
Ejemplos sobran:
En Estados Unidos, cada nueve segundos se produce una agresión física a una mujer por parte de su compañero íntimo.
En la India, cada año son asesinadas más de 5 mil mujeres porque su dote matrimonial es insuficiente.
En algunos países de Oriente Medio, los hombres a menudo son exonerados por matar a su mujer infiel.
En Inglaterra, se calcula que en una de cada dos parejas existe maltrato (en el mundo es una por cada tres).
En Bangladesh, arrojar ácido a la cara de la mujer para desfigurarla es tan común que su tratamiento legal tiene una sección propia en el código penal.
En España, 30 mujeres mueren cada año a manos de sus parejas.
Estas cifras, que parecen desmesuradas, son apenas la primera ventana a un panorama que se antoja desolador. La violencia dentro de la familia es apenas desde hace un par de décadas tema de estudios sociales, aunque se trata de uno de los males más viejos de la humanidad. Los investigadores reconocen que la información que se tiene hasta ahora es de cobertura limitada y que el problema está "claramente subregistrado".
Un camino largo
En noviembre de 1999, las mujeres latinoamericanas lograron un triunfo en la ONU para el movimiento feminista: establecer el 25 de noviembre como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres
Era un logro tras un largo camino para el reconocimiento mundial de la violencia contra las mujeres, que se inició en 1979 con la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, el primer instrumento internacional específico sobre los derechos femeninos. La violencia de género, sin embargo, sería reconocida como discriminación 13 años después.
Antes, el primer Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe (Bogotá, 1981) resolvió que los 25 de noviembre fueran dedicados a las mujeres víctimas de la violencia (la fecha rinde homenaje a las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, activistas políticas asesinadas durante la dictadura de Rafael Trujillo en República Dominicana).
En diciembre de 1993, la ONU emitió la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Pero fue hasta la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Belém do Pará, 1994) cuando se creó el único instrumento internacional específicamente diseñado para la erradicación del problema: detalla las responsabilidades de los Estados en la prevención y castigo de los actos de violencia y abre la puerta a las denuncias ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Siguieron la Declaración de Pekín (1995) y la resolución de la 49 Asamblea Mundial de la Salud (1996), que declaró la violencia como "prioridad de salud pública". La resolución de la ONU en 1999, finalmente, dio carácter mundial a una conmemoración latinoamericana.
Para el movimiento feminista y los organismos que impulsan la erradicación de la violencia de género, empero, el camino es todavía largo.
Más allá de las estadísticas, los estudios muestran que se trata de un fenómeno mundial, profundamente arraigado y con una enorme complejidad social y cultural.
Baste decir, por ejemplo, que como común denominador la gran mayoría de las agresiones sexuales son perpetradas por hombres. Las investigaciones demuestran también, sistemáticamente, que una mujer tiene mayor probabilidad de ser lastimada, violada o asesinada por su compañero actual o anterior, que por cualquier otra persona.
Durmiendo con el enemigo, pues.
En un informe presentado en junio de 1998 en conjunto con la Organización Panamericana de la Salud, la Organización Mundial de la Salud advierte: "Además de huesos rotos, quemaduras de tercer grado y otras lesiones corporales, el maltrato puede tener consecuencias para la salud mental a largo plazo, como son la depresión, los intentos de suicidio y el síndrome de estrés postraumático. La violencia que incluye agresión sexual también puede causar enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados y otros problemas de salud sexual y reproductiva".
"En la mayoría de los países no se ha identificado y prestado apoyo a la mujer que experimenta violencia en el hogar (...) varios estudios han revelado que la vergüenza o el temor de represalias suelen impedir que la mujer notifique de un ataque a las autoridades o incluso que hable con amigos al respecto".
México: un asunto privado
¿Y cómo andamos en casa?
"Es difícil saberlo con precisión -explica Guadalupe Azuara, con un amplio trabajo como terapeuta en casos de violencia familiar y delitos sexuales-. Es alentador que cada vez haya más instituciones dedicadas a la atención de las mujeres y que tengamos más elementos jurídicos. Pero no hay todavía suficientes instrumentos de medición del problema".
Hasta ahora, los datos más precisos son los que arroja la encuesta de la Opinión Pública sobre la Incidencia de Violencia en la Familia, realizada en 1995 por la Asociación Mexicana Contra la Violencia hacia las Mujeres, AC (COVAC), y la Encuesta sobre Violencia Intrafamiliar que a finales de 1999 realizó el INEGI.
Esta última, presentada como apartado en el reporte Mujeres y hombres en México (INEGI, 2001), representa el primer esfuerzo institucional orientado a dimensionar la violencia contra las mujeres en el país.
La encuesta se aplicó en el área metropolitana del Distrito Federal, con resultados ciertamente reveladores. En términos cuantitativos, por ejemplo, estamos en la nada honrosa media mundial: una de cada tres familias sufre algún tipo de violencia. Los agresores generalmente son los hombres (85.3%).
En 99% de los casos hay maltrato emocional y en 16% intimidaciones.
De 11% de los casos que reportan violencia física, 42% son golpes con el puño, 40% bofetadas, 23% con objetos, 21% patadas.
Otra referencia, para los opositores a la penalización de la violación entre cónyuges: "En los más de 14 mil hogares donde se registró abuso sexual, éste se tradujo en presión verbal para forzar relaciones sexuales (84%), uso de la fuerza para tener relaciones sexuales (54%) y obligar a tener relaciones sexuales cuando otros ven y oyen (6%)".
Lo más destacable de este ejercicio es, empero, el espectro cultural que pone en evidencia.
Veamos si no: 88.4% de los entrevistados piensa que la violencia es un asunto privado. Sólo 14 de cada 100 hogares donde se registran actos de violencia solicitan ayuda. Y los tipos de apoyo más requeridos son "el psicológico" y "el de la iglesia". Más aún, 70% de los entrevistados pronostica que los actos violentos se volverán a repetir, pese a que la gran mayoría considera que ni los golpes ni los gritos ni los insultos son necesarios para resolver los problemas familiares.
El reporte corrobora el fenómeno conocido como "violencia en cascada": los hombres golpean a las mujeres y éstas repiten la agresión con sus hijos. -
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