Estadísticas

Según un informe actual del Banco Interamericano de Desarrollo:

  • En Chile el 60% de las mujeres que viven en pareja sufre algún tipo de violencia doméstica y más del 10% agresión grave. 1 de cada 3 familias vive en situación de violencia doméstica.
  • En Colombia más del 20% de las mujeres han sido victimas de abuso físico. 10% ha sido víctima de abusos sexuales. 34% ha sido víctima de abusos psicológicos.
  • En Ecuador el 60% de mujeres residentes en barrios pobres de Quito han sido golpeadas por su pareja.
  • En Perú el 70% de los delitos denunciados a la policía están relacionados con casos de mujeres golpeadas por sus maridos
  • En Honduras un promedio de tres mujeres al mes son abusadas por sus parejas.
  • En Nicaragua el 32,8% de las mujeres entre 14 y 49 años son víctima de violencia física severa. El 45% sufren amenazas, insultos o destrucción de sus bienes personales.
  • En México el 70% de las mujeres aseguraron sufrir violencia por parte de su pareja.
  • En Jamaica la policía da cuenta que el 40% del total de homicidios se producen en el seno del hogar.
  • En Argentina en 1 de cada 5 parejas hay violencia. En el 42% de los casos de mujeres asesinadas, el crimen lo realiza su pareja. El 37% de las mujeres golpeadas por sus esposos lleva 20 años o más soportando abusos de ese tipo. Según datos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires el 54% de las mujeres golpeadas están casadas. El 30% denuncia que el maltrato se prolongó más de 11 años según información del BID se estima que el 25% de las mujeres argentinas es víctima de violencia y que el 50% pasar por alguna situación violenta en algún momento de su vida.

(BID-FIDEG, 1997)

Cuerpo Nacional de Policía España

LAS ESTADÍSTICAS MÁS RECIENTES

La Secretaria General de Asuntos Sociales española, Amalia Gómez, ha puesto recientemente de manifiesto que durante los cinco primeros meses de 1998 se presentaron 7.469 denuncias por violencia doméstica, 392 más que en el mismo periodo del año anterior. Y destaca el aumento de las consultas al teléfono de atención a las mujeres maltratadas: de 148 llamadas en el primer semestre de 1997, a 2.017 en el de 1998.

Según los datos del Ministerio del Interior, expuestos por Amalia Gómez, en los seis primeros meses de 1998, 15 mujeres murieron a manos de sus maridos o compañeros. Sin embargo, la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas cifra en 31 las muertas por la violencia doméstica.

Un estudio realizado en Nicaragua en 1997 arroja resultados que podrán reflejar la punta del iceberg de lo que ocurre en España:

  • El 32,8 por ciento de las mujeres entre los 16 y 49 años son victimas de violencia física severa (golpes, lanzamiento de objetos, uso de instrumentos corto punzantes, quemaduras, y empujones fuertes.
  • El 45 por ciento de las mujeres sufren amenazas, gritos, insultos, o presencian destrucción de sus bienes personales.
  • El 13,8 por ciento de las mujeres informan haber sufrido moratones como consecuencia de golpes de sus cónyuges.
  • El 63,1 por ciento de los hijos de mujeres victimas de violencia física severa han repetido alguna vez un año escolar.
  • Los hijos de victimas de violencia física severa abandonan la escuela cuatro años antes que el promedio general.
  • En hogares con violencia física grave sobre la mujer, los hijos son 100 veces más propensos a ser hospitalizados.
  • El 41 por ciento de las mujeres que no trabajan en forma remunerada son victimas de violencia física grave, mientras que sólo el 10 por ciento de las que trabajan fuera de sus casas y perciben ingresos lo son.

EL ELEMENTO DE LA POBREZA

Estudios hechos por el BID analizan la relación entre la violencia doméstica y otras variables socioeconómicas, como la violencia social y la pobreza.

"El nivel de violencia social determina en gran medida la capacidad de una sociedad para lograr un crecimiento económico sostenido", afirma Mayra Buvinic, y agrega que la pobreza es un significativo factor de riesgo para la violencia doméstica. En Chile, por ejemplo, los casos de violencia física son cinco veces más frecuentes en los grupos de bajos ingresos, mientras que la violencia física grave es siete veces más común entre los pobres, relación que se ha verificado también en otros países.

Hay evidencia, además, de que las mujeres golpeadas son más pobres. En Nicaragua, las mujeres victimas de violencia física grave perciben menos de la mitad de los ingresos laborales que las mujeres no victimas.

MÁS TRABAJO, MENOS ABUSO?

Los datos más recientes en el mundo occidental, muestran que una manera de reducir la violencia doméstica es la mayor participación de la mujer en la fuerza laboral, fenómeno que al mismo tiempo estimula el desarrollo económico de un país.

El estudio del BID en Nicaragua determinó que son victimas de violencia física grave el 41 por ciento de las mujeres que no trabajan en forma remunerada, mientras que entre las que trabajan por un pago (y lo hacen además fuera del hogar) la violencia física grave sólo afecta al 10 por ciento.

Por otra parte, las mujeres que reciben ingresos no laborales son significativamente menos susceptibles al maltrato físico por parte del cónyuge. En Nicaragua, por ejemplo, sólo el 2,78 por ciento de las mujeres que cuentan con apoyo financiero de otros miembros de su familia son victimas de violencia física. La otra cara de la moneda es que las mujeres que no cuentan con ningún ingreso propio --especialmente las que trabajan sin remuneración en negocios familiares-- son más frecuentemente victimas de violencia doméstica.

Una estrategia posible para reducir la violencia doméstica, entonces, ser a alentar la intervención activa de la mujer en la economía. Y una de las maneras más efectivas de hacerlo, se halan varios estudios, es la ayuda para el establecimiento de microempresas.

La magnitud de los costos de la violencia, enraizada profunda y persistentemente en el tejido social, ha alertado a los gobiernos sobre la necesidad de acción. Mejorar la condición de la mujer y desarrollar su potencial económico es una de las vías para alcanzar un crecimiento no sólo más equitativo y más sustentable sino también más justo y más humano.

UNA REALIDAD QUE GOLPEA

  • En Chile, un estudio reciente reveló que casi el 60 por ciento de las mujeres que viven en pareja sufren algún tipo de violencia doméstica y más del 10 por ciento agresión física grave.
  • En Colombia, más del 20 por ciento de las mujeres ha sido víctima de abuso físico, un 10 por ciento ha sufrido abuso sexual, y un 34 por ciento, abuso psicológico.
  • En Ecuador, el 60 por ciento de las residentes en barrios pobres de Quito han sido golpeadas por sus parejas.
  • En Argentina, el 37 por ciento de las mujeres golpeadas por sus esposos llevan 20 años o más soportando abusos de este tipo.

EL ALTO COSTO DE LA VIOLENCIA DOMÉSTICA

Una sangra para las economías de los países
Pero dejemos hablar también a las cifras. Los devastadores efectos de la violencia doméstica en las economías impactaran más si nos paremos a pensar en los miles de millones de pesetas consumidos por los gastos que ocasionan estos delitos en salud, policía, justicia y merma de la productividad.

Como todavía este problema esta emergiendo desde el ámbito privado al ámbito público en España, América Latina y el Caribe casi no hay cifras disponibles sobre estas áreas, ya que hasta ahora no han comenzando a realizarse estudios sobre el impacto económico de la violencia doméstica.

Sin embargo otras instituciones mundiales y otros países más desarrollados ya poseen datos reveladores sobre lo que se nos puede venir encima.

Un estudio del Banco Mundial, pone de manifiesto que uno de cada cinco días laborables que pierden las mujeres por razones de salud es el resultado de problemas relacionados con la violencia doméstica.

Por otro lado, un informe hecho en Canadá, revela que este tipo de violencia causa un gasto de unos 1.600 millones de dólares anuales, incluyendo la atención médica de las victimas y las pérdidas de productividad. Mientras, en Estados Unidos, diversos estudios determinaron pérdidas anuales de entre 10.000 millones y 7.000 millones de dólares por las mismas razones.

Los efectos en la propia mujer víctima de la violencia son los más inmediatamente visibles: gastos en salud, ausentismo laboral, disminución de ingresos para el grupo familiar, etc. Pero ellos constituyen apenas la punta del iceberg frente al costo que el problema tiene para los países, como impacto global en sus sistemas de salud, aparatos policiales y régimen judicial.

"Los costos indirectos pueden superar ampliamente a los costos directos", estima Mayra Buvinic, jefa de la Unidad del Programa de la Mujer en el Desarrollo del BID.


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